El brujo Arimuya
El brujo Arimuya se construye mediante las conversaciones entre Marcel y un viejo curandero kukama que ha dedicado su vida a sanar y a comprender las energías de las plantas, los animales y el cosmos. Arimuya no se presenta como un hechicero interesado en exhibir poder, sino como depositario de una sabiduría que debe ejercerse con honestidad y sin aprovecharse de la desesperación ajena.
A lo largo de dieciséis apartados, sus palabras enlazan reflexiones, recuerdos de viaje, relatos míticos y episodios de la historia cultural amazónica. La yacumama, los yacurunas y los chullachaquis conviven con referencias a César Calvo de Araujo, Arturo D. Hernández, Antúnez de Mayolo, Ulises Reátegui y otros personajes relacionados con el arte, la ciencia y la literatura.
La obra también aborda realidades dolorosas. La explotación maderera, los abusos cometidos contra mujeres jóvenes, la violencia política y el desprecio hacia los pueblos ribereños aparecen como heridas que no deben ser ocultadas. La memoria de Arimuya sirve para conservar conocimientos, pero también para denunciar aquello que amenaza a las comunidades y su entorno.
El episodio de la ceremonia de ayahuasca profundiza la relación entre recuerdo, visión y conocimiento ancestral. Más que ofrecer respuestas definitivas, la experiencia muestra que comprender la selva exige escucharla.
Entre crónica, testimonio y narración oral, El brujo Arimuya rinde homenaje a quienes transmiten sus saberes mediante la palabra y recuerda que la verdadera riqueza no siempre puede medirse materialmente.


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